sábado, 9 de junio de 2012

Escenario tercero


GRUPO EDAD MEDIA                          ESCENARIO TERCERO

NOTA.- Todos los relatos deben de comenzar con el siguiente texto:

“En 1083, con el asalto y conquista de Alfonso VI,de Mayrit. el imán de la mezquita huye llevando consigo el códice del Beato de Liébana . A partir de ese momento se pierde el rastro del libro”

1.- Estamos en la actualidad, septiembre de 2012, en la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Historia Medieval.
Tres estudiantes ( pueden ser dos chicos y una chica, o dos chicas y un chico ),que acaban de terminar la carrera se entrevistan con la jefa del Departamento Margarita Cantera Montenegro.

Los estudiantes le piden que les dirija un trabajo de investigación que quieren hacer sobre la desaparición del Códice El Beato de Liébana e indagar el lugar donde pueda estar guardado o escondido.
La profesora les dice que el mejor sitio para seguir la pista de lo que quieren es la Universidad de Granada y les da una carta de recomendación para que se la presenten al director del Departamento de Historia Medieval  Rafael Peinado Santaella

2.- El profesor Peinado Santaella recibe amablemente a los estudiantes y les dice que, efectivamente, existen uno documentos fechados en 1484 ( año en que la zona de la sierra de Ronda es tomada definitivamente por los cristianos ) en esos documentos aparecen muchos datos sobre la historia de una villa ( conocida ahora como Setenil de la Bodegas )  y  hay una referencia de que el imán huido de Mayrit se refugió en la villa.

 Para encontrar toda la información deben de ir a la Biblioteca de la Facultad de Historia y, para facilitarles el trabajo, les firma un permiso especial para que puedan investigar, deberán entregárselo al bibliotecario.

( Aquí podéis contar como consiguen que el bibliotecario les encuentre el documento.)

3.- Os tenéis que inventar la historia de cómo el imán se refugia en la sierra de Ronda que pertenecía al reino de Granada que todavía estaba en poder de los musulmanes.
En los documentos encontráis información de que el imán se hizo famoso porque decía que tenía un libro sagrado que era muy codiciado por los cristianos. Sin embargo , a la muerte del imán, nadie pudo encontrar el libro sagrado, pero todos suponían que lo había guardado en un lugar secreto.

4.- Los estudiantes deciden viajar a Setenil de las Bodegas para hablar con el alcalde porque, en los archivos del ayuntamiento hay muchos documentos que cuentan historias de la villa.

5.- El alcalde les da los documentos pero les dice que para interpretarlos deberían de ir al instituto de Setenil y hablar con el profesor de historia que es el que más sabe de la historia y las leyendas del pueblo.

………………….continuará

jueves, 17 de mayo de 2012

Nos levantamos a las 9 de la mañana, habíamos descansado un poco más, pero yo no paraba de pensar en lo que había pasado.
¿Dónde estaba el beato? Estaba segura de que estaba allí, lo vi en aquella habitación deteriorada con mis propios ojos, a lo mejor lo soñé, pero me acuerdo perfectamente de que oí un ruido y vi a Elías entrando en la habitación con el Beato, y de que lo metió allí, pero esta mañana ¡NO ESTABA!
Espera un momento, si no estaba el Beato, a lo mejor… ¡TAMBIÉN HABRÍA DESAPARECIDO ELÍAS!
Entonces lo que hice fue avisar a Alfonso, y fuimos en busca de Elías, pero no le encontramos. Ese día había muchas personas, porque había mercadillo, y no le encontrábamos por ningún lado. Al cabo de un rato Alfonso me dijo:
-Es imposible, no le vamos a encontrar. Hay demasiada gente…
-Ya, pero hay que encontrarle y averiguar dónde trabaja, dónde vive, y lo más importante, ¡¡Dónde esconde el Beato!!-le interrumpí.
-No le vamos a encontrar, pero si quieres… damos otra vuelta y… a lo mejor le vemos.
-Sí, será mejor que hagamos eso; el Beato es muy importante, y no puede tenerlo cualquiera…
-Vamos, sígueme…
-Vale, pero si no le encontramos… ¿qué va a pasar? ¿Y si sale de Mayrit?
¿Y si no le volvemos a ver? Y lo peor de todo, ¿Y si vende el Beato?
-Espera un momento… ese no es... ¡¡ELÍAS!!
-¡¡¡¡¡¡¡Es él!!!!!!!
Fuimos corriendo hacia el muchacho pero, ¡¡NO ERA ÉL!! Nos disculpamos por tirarnos literalmente encima suya… Él dijo que no pasaba nada, que un fallo podría tenerlo cualquiera.
Fuimos camino del fundaq y le encontramos.
-¡¡Elías!!-dijo Alfonso.
-¿Quién me llama?
-Somos nosotros-dije.
Empezamos a perseguirle y fue corriendo a su habitación, cerró la puerta y nosotros hicimos como si nos fuésemos, pero nos metimos en nuestra habitación. Elías aun no sabía que teníamos una habitación en frente de la suya.
Una vez alojados en el hotel, intentamos averiguar donde estaba el beato; al parecer, el chico no le había pedido trabajo, sólo una habitación. A la hora de cenar, bajamos a ver si había algo nuevo. Y ahí estaba el chico, pidiéndole trabajo al mercader del zoco.
-Querido Alfonso, estamos demasiado cansados. Mañana por la mañana seguimos a Elías a ver dónde trabaja.-Le dije a Alfonso.
-De acuerdo, pero a primera hora bajamos.
Cuando nos fuimos a dormir, escuché un ruido, de modo que decidí salir de la habitación. Aquel muchacho, Elías, estaba con el Beato en la mano. Lo vi todo, donde lo escondió, y cómo volvía a su habitación. Era la número 15, justo al lado de la nuestra. Vi que escondía el Beato en un cuarto muy raro, no había nadie en él, y encima estaba deteriorado.
Y a las seis de la mañana…
-Alfonso, despierta.-Le dije.
-¿Tan pronto? ¿Qué quieres?

-Se donde esta el beato. Elías lo escondió ayer por la noche. Lo sé porque ayer por la noche escuché un ruido, y me levanté para ver qué era.
-¿Dónde?
-Aquí a lado, en la habitación deteriorada y con la puerta que cierra mal.
Nos dirijimos hacia allí, pero el beato no estaba. Me parecía todo muy raro, a lo mejor lo vi mal, a medianoche puede pasar cualquier cosa.
Como eran las 6 le dije a Alfonso de dormir hasta las 8 o un poco más tarde, total, aún no sabíamos donde estaba el beato, ni tampoco el chico.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Segundo escenario: Mayrit

A  los pocos días Alfonso volvió a Palacio.
-¿Qué tal te ha ido?-Le pregunté cuando llegó.
-Muy bien, aunque el viaje ha sido más agotador de lo que pensaba.
-Creo que deberíamos investigar dónde podría estar el Beato, es un libro muy valioso y no puede tenerlo cualquiera.
-Sí, deberíamos empezar mañana. Ahora estoy muy cansado, me voy a dormir.

Al día siguiente, después de desayunar, empezamos a investigar sobre este asunto.
Mandamos a todas (o a casi todas) las personas de la corte al sur, donde estaba el reinado musulmán, Al-Andalus. Mientras ellos iban, Alfonso y yo intentamos deducir dónde podría estar el Beato.
-Puede que esté en Mayrit.-Me dijo Alfonso.
-¿Por qué crees eso?
-Aquel muchacho no puede haber ido demasiado lejos, es demasiado joven como para recorrer una distancia tan grande. Se tendría que haber ido a un lugar más cercano, como Mayrit. Por cierto, cuando le robaron el Beato a aqul comeciante francés, me pareció entender que se llamaba Elías.
-Sí, tienes razón. Mandaré a unas pocas personas de la corte para que vayan a Mayrit a buscarle.
Dicho y hecho. Mandé a las pocas personas que quedaban de la corte, y las mandé a Mayrit.
-Por favor, si necontráis algo que os llame la atención, o que creáis importante, comunicádmelo en una carta.-Les pedí.
Todos ellos asintieron, y partieron hacia Mayrit.
Estuve esperando cartas, pero como no llegó ninguna, y ya de me estaba agotando la paciencia, decidí ir yo misma a Mayrit para buscar el Beato.
-Alfonso, me voy hacia Mayrit para buscar el Beato. ¿Quieres venir conmigo?-Le dije. Mi voz sonó más fría de lo que pretendía, pero supongo que eso se debía a mi falta de paciencia por encontrar el Beato.
-¿Por qué quieres ir?
-Porque aún no he recibido ningna carta de nadie de la corte, y se me está empezando a agotar la paciencia.
-Pero espera un poco más, que ya verás como llegan las cartas.
-¡Ya estoy cansada de esperar! Llevo toda mi vida esperando que pase algo, ¡pero nunca pasa nada!-Estaba empezando a desahogarme con él.
-Sólo te pido que esperes un día más, porque si no, llegará una carta, y tú no estarás aquí para recibirla.-Me dijo, intentando tranquilizarme.
-Bueno, vale, ¡pero sólo un día! ¡Ni uno más!
-Trato hecho.
Y pasó un día, y no llegó ninguna carta.
-Bueno, pues me voy.-Le dije.
-De acuerdo. Voy contigo.
Partimos en carruaje hacia Mayrit.
Tardamos unos tres o cuatro días en llegar. Cuando llegamos, nos dirigimos hacia el zoco, el lugar en el que se celebra un mercado, porque seguramente aquel muchacho intentaría venderlo.
Estábamos paseando tranquilamente por el zoco, cuando vimos algo extraño:
-¡Eh, mira! Ese chico... ¡Es idéntico al que robó el beato!-Exclamó Alfonso.
-Voy a probar a llamarle. ¿Cómo decías que se llamaba?
-Creo que se llamaba Elías.
-Muy bien. ¡¡ELÍAS!!-Le llamé, gritando lo más alto que pude.
Entonces, el muchacho se dio la vuelta, y al ver a Alfonso, se echó a correr.
-¡Creo que te vio el dia que le robó el Beato al comerciante!-Le dije a Alfonso.
-Si, debe de ser eso. ¡Sigámosle!-Exclamó.
Fuimos lo más rápido que pudimos y, al final, después de tanto correr, se paró. Debió perdernos de vista, aunque estábamos a unos diez metros de él. Entonces, se acercó a quien parecía ser el jefe.
-من فضلك أعطني وظيفة.-Dijo Elías.
-حسنا، في هذه اللحظة بالذات ونحن الموظفين. يمكنك البقاء في الفندق الواقعة.-Le contestó el jefe.
Entonces, Elías asintió, y se dirigió a una fundaq (un hotel) y se puso a trabajar.
-Elías debe de haberle pedido trabajo a aquel hombre.-Deduje.
-Podríamos alojarnos aquí, para vigilarle.-Me dijo Alfonso.
-Buena idea.
Entonces, entramos, y nos alojamos en una habitación de la fundaq.  

lunes, 23 de abril de 2012

Hola, queridos alumnos:
Como sabéis nuestro camino continúa hacia Setenil y ahora hacemos parada en Madrid.
Esto es lo que allí debe suceder...



5.- El Beato de Liébana ha caído en manos de un joven musulmán que luchaba con las tropas del emir árabe. Al ver el libro piensa que puede ser muy valioso, lo esconde y se lo lleva consigo.


El muchacho llamado …… va hacia Mayrit  donde quiere encontrar trabajo.

En el camino se aloja en una fundaq  y allí encuentra a un mercader de especias que se ofrece a darle trabajo en el zoco de Mayrit.

En Mayrit el joven empieza a trabajar en el zoco.

6.- Ha pasado el tiempo, estamos ya en 1082. Las tropas cristianas de Alfonso VI avanzan peligrosamente hacia el sur. 

En Mayrit , al imán de una de las tres mezquitas  le llega la noticia de que el valioso libro que fue robado camino de Santiago de Compostela puede encontrarse en Mayrit y que su posesión puede ser muy importante para debilitar a las tropas cristianas.

El imán encarga a la surta que busquen el códice. ..,………

7.- Tienen lugar las  intrigas de la búsqueda por diversos escenarios del Mayrit árabe, la Medina, el zoco, las atalayas, las murallas ….etc , ( para ello podéis utilizar las fotocopias que se os han dado).

Tras varios meses de búsqueda, por fin el iman se hace con el códice

(También podéis introducir, de la manera que os parezca, algunas frases en árabe ….por ejemplo al preguntar por el mercader, o al hablar en el zoco.)

8.-  El iman piensa que el Códice puede ser algo muy valioso para conseguir los favores del emir de Toledo Al-Qadir (de quien depende Mayrit )
El imán  pretende regalárselo al emir para hacerse fuerte frente a Alfonso VI.
Pero, en 1083 Alfonso VI “el conquistador” , somete Toledo y pacta con Al-Qadir la entrega de Mayrit a los cristianos
El  iman, ante la llegada de los cristianos huye hacia el sur llevándose consigo el Beato de Liébana del que se pierde la pista.
 
Debéis de procurar introducir elementos y personajes propios de ese momento, como por ejemplo:
Emir: Principal funcionario político que también se ocupaba de dirigir el ejército y el culto.
Amil: Recaudador de impuestos.       Cadí: Administrador de justicia.       Surta: Cuerpo de policía.
Almotacén: Inspector de mercados y talleres

martes, 17 de abril de 2012

Hola chicos!
Sobre todo no os desaniméis. Los escritores hacen muchos borradores hasta que tienen el libro definitivo y nosotras queremos que hagáis un buen trabajo.
Os dejo el guión que Mluz os ha dado en papel para que lo tengáis como referencia.
 Elvira.
 
Lo que estáis escribiendo ahora se corresponde el primer capítulo del libro ( le podéis poner un título, por ejemplo “En tierras cristianas” ) y que tiene cuatro escenas o momentos. Una manera de que os resulte más fácil es que cada uno escriba, en papel,  lo que pasa en vuestra historia en cada uno de los momentos haciendo referencia al argumento y luego ponéis en común lo de los cuatro.
1.- Poner un título
Oviedo el año 1075
Alfonso VI va a Oviedo como  peregrino del Camino de Santiago y visita la Iglesia de San Salvador donde está el Arca Santa que contiene muchas reliquias que habían estado escondidas por la conquista musulmana.
Se descubre que, entre las reliquias se encuentra un códice muy importante el Beato de Liébana que había sido llevado allí para protegerlo de los musulmanes.
2.- Poner un título
Como este códice es muy valioso para los cristianos el rey manda trasladar el Beato a la catedral de Santiago de Compostela donde están los restos del apóstol y es el lugar sagrado más importante del camino de Santiago.
En el traslado el libro es robado.
3.-Poner un título
El ladrón o ladrones que roban el códice  venden el Beato a un comerciante francés  que ha ido de peregrinación a Santiago por el camino francés.
Negocian con él  las condiciones de la venta.
El comerciante, tras visitar la tumba del apóstol se vuelve a Francia con el Beato
4.- Poner un título
Al comerciante en su vuelta a Francia, cerca de Ribagorza le sorprende una emboscada (razzia ) de los musulmanes,
El comerciante consigue salvar la vida pero pierde todo lo que llevaba, incluido el Beato.
Se lo queda un joven musulmán que se lo llevará consigo camino de Mayrit.

domingo, 8 de abril de 2012

Esperé pacientemente la contestación de mi marido, que me prometió seguirle y contarme lo que pasaba en todo momento.
En las cartas que me mandaba decía que todo iba bien, que no le perdía de vista en ningún momento. Eso me alegraba. 
Además, lo de la última vez no se volvió a repetir, ahora me mandaba cartas siempre que podía.
En una de sus cartas me dijo que ya había llegado a Santiago de Compostela, y había visto la tumba donde estaba enterrado el apóstol Santiago.
Me dijo que había estado vigilando a aquel comerciante. Siguió el mismo camino que él, y esto le llevó hasta Ribagorza, un pueblo cercano a Oviedo. Entonces, me escribió esta carta.

"Querida Constanza,

Estaba cerca de Ribagorza, cuando escuché algo extrano, de modo que me escondí detrás de una roca. Entonces, vi a un grupo de tres musulmanes acercarse muy rápido al comerciante, y le tiraron al suelo. Parecía una razzia (ataque sorpresa). Uno de ellos dijo algo que no pude entender, algo así como "جمع كل ما يمكن!", los demás asintierom, y le quitaron todo lo que llavaba, incluído el Beato. Después, uno de ellos pareció pedirles a los demás si podía quedarse con el Beato, a lo que los demás asintieron, satisfechos. Daspués, salieron corriendo por donde habían venido.
Atentamente,

Alfonso VI"

De modo que ahora tendríamos que ir hacia el sur para poder recuperarlo.

Estuve esperando su carta durante días, semanas e incluso meses, pero no llegó. Cada día que pasaba estaba más deprimida, y también noté tristeza en la cara de mi hija.
Un día, me levanté, me vestí y bajé a dasayunar, con ganas de llorar. Hice un gran esfuerzo por comer algo, pero no tenía hambre.           
Después de desayunar me fuí a dar un paseo. Pude observar como la hierba estaba más verde, y algunos árboles estaban empezando a echar flores, símbolo de que ya había empezado la primavera.
Después de comer (que no comí nada debido a la ausencia de apetito), me fui a mi dormitorio, para dormir un poco. No sabía por qué, pero estaba tan cansada que casi no podía ni moverme, pero tampoco podía dormir. No me quedó más remedio que quedarme tumbada en mi lecho, mirando la pared. 
Justo en ese momento, por primera vez en todo el día, me había entrado un poco de hambre. Fui a la cocina para comerme una manzana. 
Salí a la calle, para ver el atardecer. Entonces, escuché unos pasos.
-¡Señora! ¡Señora!
Allí estaba mi mensajero, corriendo hacia mí, con lo que parecía ser una carta en la mano. Pensé que podría ser de Alfonso, de modo que me acerqué a él lo más rápido que pude.
-¡Dame la carta! ¡Por favor, dámela!
-Aquí tiene.-Me dio la carta.
-Muchas gracias. ¿No sabrás, por casualidad, por qué ha tardado tanto en contestarme, verdad?
-No, no lo sé. Lo siento.
-No pasa nada.
Me fui corriendo a mi dormitorio. Como ya se había hecho de noche, encendí una vela para poder ver mejor lo que Alfonso me había escrito.

"Querida Constanza,

Siento mucho haber tardado tanto en contestar a tu carta. Me han pasado muchas cosas.
Verás, cuando salí de la Iglesia de El Salvador con el Beato, para llevarlo a la catedral de Santiago de Compostela, vino un hombre, y me robó el Beato. Yo intenté seguirle, pero él era más rápido que yo. Cuando le perdí de vista, le pedí al mensajero que te comunicara lo ocurrido, para que lo supieras. Como es muy olvidadizo, saguramente no te lo ha dicho.
Pero, a lo que iba; cuando le perdí de vista, pensé que no podría hacer nada para salvarlo, así que seguí caminando. Haré lo que haga falta para recuperar el Beato.
Hasta entonces,

Alfonso VI."

Me puse muy furiosa, ¡¿cómo podía haber dejado que le robaran el Beato?!
Decidí salir a tomar un poco el aire. Me puse mi túnica, para que la gente no me reconociera, y salí.
Estaba tan tranquilamente dando mi paseo nocturno cue¡ando, de repente, se cruzó en mi camino un hombre un poco misterioso con una bolsa. La bolsa era grande, de modo que deduje que tendría que llevar algo de gran tamaño ahí dentro. 
Me pareció un poco sospechoso, de modo que le saguí. Él se metió en una casa que parecía abandonada, y abrió su gran bolsa.
Yo le miraba desde la ventana.
Entonces, sacó un libro, no conseguía distinguirlo bien con la oscuridad de la noche, pero su portada me resultaba muy familiar.
Entonces, encendió una vela, y se sentó en el suelo, dispuesto a leer el libro.
Gracias a la luz de la vela pude distinguir mejor aquel libro. Estaba segura de que lo había visto antes, en alguna parte...
Entonces, me di cuenta; ¡aquel libro era el Beato!
Entré en la casa, sin miedo de lo que pudiera pasar. El hombre se levantó, y rápidamente guardó el libro en la blsa.
-¡Dame el libro!-Le grité.
-¿Y usted quién se ha creído que es para hablarme de ese modo?
Me quité la túnica, para que pudiera verme, y le dije.
-Constanza de Borgoña, Reina de León.
En ese momento, aquel muchacho se quedó petrificado.
-¿Co-cómo ha dicho?-Tartamudeó.
-Lo que has oído. Ahora te pido por favor que me des el libro que llevas en esa bolsa.
-Y usted, ¿para qué lo quiere?
-Es el Beato de Liébana, el libro que narra lo que pasará cuando llegue el Apocalipsis
-Ya lo sé, no hace falta que me lo diga. Se lo compré a un hombre, soy comerciante, aunque por su cara diría que aquella persona era...
-¡Un ladrón!-Le interrumpí.
-Exactamente, ¿cómo lo has sabido?- Me preguntó, extrañado.
--A quien se lo robó fue a mi marido, Alfonso VI, Rey de León y de Castilla.
-Vaya, no tenía ni idea... ¡Pero aún así no se lo pienso devolver!-Me gritó, y se fue corriendo de la casa, dejándome a mí sola con la vela, aún encendida.
Al menos, en ese corto período de tiempo, conseguí averiguar una cosa: aquel hombre iba a recorrer el Camino de Santiago, por la vieira que llevaba en su bastón.
Rápidamente, volví a Palacio, para escribirle una carta a mi marido para hablarle sobre lo ocurrido.

"Querido Alfonso,

Gracias por tu carta, gracias a ella he conseguido averiguar muchas cosas. Hoy he visto a un hombre, ¡con el Beato de Liébana! He intentado que me lo diera, pero salió del pueblo a todo correr. 
He conseguido averiguar que es comerciante, y que le compró el Beato al ladrón que te lo robó. También sé que va a hacer el Camino de Santiago, porque llevaba una vieira colgando de su bastón. Me gustaría aprovechar que tú también lo estás haciendo para pedirte si podrías seguirle la pista. No te pido que en cuanto le veas le quites el Beato y después te vengas a casa corriendo, te pido si puedes seguirle, nada más, ya le quitarás el libro en el momento indicado.
Atentamente,

Constanza de Borgoña."

sábado, 7 de abril de 2012

Al día siguiente, mi hija Urraca me contaría sus aventuras y sus desventuras mientras desayunaba. A continuación, me fui a mi dormitorio para escribirle a Alfonso otra carta:

"Querido Alfonso,

Me parece increíble que heyes llegado tan pronto a la Iglesia de El Salvador, ¿cómo lo has conseguido? Supongo que en parte se debe a que siempre te han sobrado energías, pero aún así quiero que me lo cuentes. Espero que el Beato esté bien, y que no le haya pasado nada. Ya que viste el Arca Santa, me gustaría que me la describieras, porque es elgo que siempre he querido ver. Bueno, espero que me cuentes eso y más en tu próxima carta.

Atentamente, Constanza de Borgoña."

No pretendía atosigarle con tantas preguntas, pero me interesaba mucho saber por lo que estaba pasando, cómo era el paisaje, a qué sitios iba... Al fin y al cabo era mi marido, aunque me hubiera sido infiel. Cuando pensé en eso, me deprimí, me enfurecí, todo al mismo tiempo. Como encontrara a la mujer con la que me engañaba mi marido... Se iba a enterar.
Bajé las escaleras y le di la carta a mi mensajero, para que se la diera a Alfonso.
-Aquí tienes otra carta.
-No se preocupe, que ahora mismo voy a entregársela.
-Muchas gracias.
Después, me fui a comer, y esperé su carta, como la última vez, pero no llegó. "Bueno", pensé, "no pasa nada por que un día no te mande una carta, ya me la mandará mañana". Pero no llegó. Ni al día siguiente, ni al otro, ni al otro... Estuve más de una semana esperando, pero no me llegó ninguna carta.
-Perdane, ¿está seguro de que entregó correctamente la carta a Alfonso?-Le pregunté a mi mensajero.
Por supuesto, se la entregué personalmente. Puede que en estos momentos esté demasiado cupado, o no tenga tiempo de escribirle una carta.-Me contestó.
-Sí, puede que tengas razón.
Acto seguido cené y me fui a la cama.


jueves, 5 de abril de 2012

El resto del día se me pasó muy rápido, sobre todo porque me tuve que ir a dormir una siesta por la tarde, igual que el otro día, y me quedé dormida hasta que se hizo de noche, igual que el otro día.
Me desperté unos minutos antes de que me dijeran que la cena ya estaba lista, de modo que tuve tiempo de arreglarme un poco antes de bajar al comedor para cenar.
Aquella noche, por accidente, prepararon comida de más, haciendo una ración de más para mi marido.
-Lo siento, pero creo que aquí hay un error.
-¿Perdone?
-Aquí, hay una ración de más.
-¡Ah, lo siento mucho! Se me olvidó que faltaba Alfonso.
-No pasa nasa, solo que es una pena desperdiciar toda esta comida.
-Lo lamento mucho... No volverá a pasar.
-De acuerdo, ahora lléveselo, por favor.
-Ahora mismo.
Después de cenar, al igual que el otro día, me fui a mi dormitorio, encendí una vela, abrí el sobre, y leí la carta, que decía así:

"Querida Constanza,

Esta mañana llegué a la Iglesia de El Salvador, y entré en la Cámara Santa, donde se encuanetran todas las reliquias. Allí encontré el Arca Santa, tal y como dijiste, y también encontré el Beato de Liébana. Como me pediste, lo cogí y me fui para trasladarlo a la catedral de Santiago de Compostela.
Ya estoy yendo para allá, aunque creo que me queda la mitad del camino hasta llegar a la catedral.

Atentamente, Alfonso VI."

Me parecía extraño que hubiera llegado tan rápido, pero como siempre le sobraba energía, tampoco sospeché nada.
Como la última vez, pensaría la respuesta al día siguiente, y le mandaría la carta.

jueves, 29 de marzo de 2012

A mi hija le dio el tiempor justo para contármelo todo antes de que yo terminara de desayunar. Después, me fui a mi alcoba, cogí la carta, la leí de nuevo, y escribí su respuesta.
Mi carta decía así:

"Querido Alfonso,

Aquí todo va bien, aunque se empieza a sentir tu ausencia. Aimara es quien más lo siente, y está un poco deprimida, pero confiamos en que estés bien y que que hayas recuperado fuerzas durante la noche. ¿Qué tal estaba la comida que te hemos preparado? Espero que te haya gustado, y que te hayan servido las mantas que te di.
Te quiere,

Constanza de Borgoña."

A continuación, metí la carta en un sobre, le puse mi sello y bajé las escaleras, para buscar a mi mensajero.
-Perdone, ¿podría enviar esta carta al rey Alfonso VI?
-¡Por supuesto!, deme la carta, que voy corriendo a dársela.
-¡Caramba, de qué buen humos estás hoy! ¿A qué se debe?
-Bueno, hoy es mi cumpleaños.
-Vaya, pues, ¡felicidades!
-Muchas gracias.
-Bueno, no me voy a entretener más, aquí tiene la carta.
-Gracias.
Después me fui a dar un paseo por los jardines de Palacio, hasta la hora de comer.
Cuando me avisaron de que la comida ya estaba lista, fui al comedor; estaba todo muy vacío sin Alfonso, creo que estaba empezando a echarle de menos.
Después de comer, me llegó otra carta. Cuando vi a mi mensajero, vi que estaba jadeando.
-Aquí tiene la carta, contestada por su marido.
-¡Bueno, si que ha llegado rápido! Caray, estás sudando, creo que te vendría bien un descanso.
-No se preocupe, ahora mismo descansaré un ratito y después volveré al trabajo.
-Muchas gracias pero, ¿por qué?
-Por qué... ¿Qué?
-¿Cómo es que estás de tan buen humor conmigo?
-Bueno, usted es la única que me ha felicitado por mi cumpleaños, y esta es mi forma de agradecérselo.
-Muchas gracias, eres muy amable. Ahora vete a descansar, por favoe.
-No se preocupe, ahora voy.
Me dio la carta y se fue a descansar. Leería la carta por la noche.

domingo, 25 de marzo de 2012

Al día siguente, mi hija me contó esto:

"Soy la hija del rey Alfonso VI. Mi mejor amiga Susana le contó a mi madre todo lo que me contó a mí sobre mi padre.

¿Que por qué no se lo conté yo? Porque no me atrevía y tampoco me lo creía mucho, pero lo que tampoco me creí fue lo que vi ayer, a mi propio padre saliendo de Palacio tapado con una capa. Yo fui corriendo y le seguí, me escondí y lo último que vi fue a mi  padre entrando en una casa abandonada besándose con una mujer a la que no conseguí ver la cara. Entonces me foi corriendo para que no me descubrieran.

 Esa misma noche mi padre no fue a casa, mi madre y yo nos quedamos en la sala de estar, mirándonos, sin decir una palabra, hasta que dije:
-¡Madre! ¿Estás bien por lo todo lo que te ha contado Susana?
-Pues… ¡NO! Cómo quieres que esté si me he enterado que mi marido, con el que he tenido una hija me… ¡Es infiel!
-Madre, si yo te contara…
-¡Ay! Perdón hija, ¿tú como estas?
-No, madre no es eso.
-Entonces, ¿qué es, cariño?
-Que esta tarde le he visto fuera de Palacio…
-¿Esta tarde? Pero si se ha ido a las 20:00
-A esa hora se ha ido Julián, el mayordomo.
-¡Ah! ¿Si?
-Si madre, bueno lo que te estaba contando… Se ha ido a las 18:00, entonces yo le seguí porque iba tapado con una capa, y fuimos a parar a una casa abandonada donde entró y… ví por la ventana cómo… se besaba con una mujer. Entonces me fui.
-¡Dios mío! ¿Cómo era esa mujer?
-Lo siento madre… no le vi la cara.
Hubo unos minutos de silencio, mi madre se levantó y salió por la puerta dando un gran portazo.

A la mañana siguiente mi padre llegó pronto y cuando iba por el pasillo le pregunté, mirándole a los ojos:
-Padre, ¿dónde ha estado?
Mi padre agachó la cabeza y, mirando al suelo me respondió:
-Hija… ¿qué haces a estas horas levantada?
-Padre, tú sabes que no me gusta que me respondas con una pregunta.
Mi padre se metió en una habitación dejándome allí, sola, en medio del pasillo.

Esa misma mañana me vestí y bajé a desayunar, recuerdo que ví a mis padres muy fríos, cada uno en una punta de la mesa, para abrir un poco de conversación dije:
-¡Buenos días!
Nadie me contestó.
Mi padre quería la leche que estaba al lado de mi madre, y dijo:
-Cariño, ¿me pasas la leche?
Mi madre le respondió:
-Hija, creo que deberías salir de la habitación; necesito hablar a solas con tu padre.
Mi madre deñaló la puerta, y yo me fui de allí. Cerré la puerta, y pensé que ya era mayorcita para que mis padres me echaran fuera de la habitacón. De modo que puse mi oreja al lado de la puerta, para escuchar el máximo de conversacón posible. Apenas conseguí entender unas palabras:
-... Preguntarte... Recorrer... Santiago...
-¿Y eso...?
-Iglesia... Beato... Liébana... Apocalipsis... Seguro... Arca Santa... Jesús...
-Sí... Protegerlo... Musulmanes...
-Exacto.
-¿Sitio... Pensado...?
-Buena idea... Iglesa... de Compostela...
-Traslado... Mañana...

Después, me fui de allí, por si mis padres salían y me pillaban, y me fui a mi alcoba. Estaba allí tan tranquilamente, cuando escuché un llanto. Me dirijí en busca de aquella voz, que me llevó hasta el dormitorio de mis padres. Llamé a la puerta.
-¿Puedo pasar?- Pregunté.
-Sí, puede pasar.- me dijo alguien, hablando en voz baja.
Vi a mi madre en una esquina de la habitación, llorando desconsoladamente-
-¡¡Madre!! ¿Qué le pasa?
- Hija…tu padre.
-Madre, respire y deje de llorar, que ya nos vengaremos.
-No quiero vengarme... En su lugar, he conseguido convencerle de que haga el Camino de Santiago, para librarse de todos sus pecados, pero...
-Pero, ¿qué?
-Pero... sigo enfadada por lo que me ha hecho.

Por la tarde salí de Palacio a dar un paseo y tomar un poco el aire. De repente ví a un muchacho muy hermoso del que yo me enamoré hacía ya unos cuantos meses. Éste me vio y acudió a saludarme. En ese momento yo creí que se me salía el corazón del pecho.
Cuando nos despedimos, se fue mirando para atrás, a mí me latía el corazón como nunca. Me había enamorado aun más de él. Ya sabía como se llamaba, pero a mi padre no le gustaría nada.

Iba camino de mi habitación y me encontré con mi madre, ella me vio y me dijo:
-Hija, ¿qué te ha pasado? Tienes la cara feliz, iluminada, como… si estuvieras…¡¡¡ENAMORADA!!!
-Madre, baje la voz.
-Cuéntame ¡TODO!
-No puedo madre, es muy largo y estoy cansada, después de cenar si quiere se lo cuento, y ahora me voy a descansar.
-Vale hija, descansa y después me cuentas todo con pelos y señales.
Entré en mi cuarto y miré por la ventana, al rato me tumbé en mi cama y empecé a pensar en él, en sus ojos verdes, en su cabello moreno, en él. Me quedé dormida.

¡PUM!
-¿Qué ha sido ese ruido?- grité, me levanté de un salto y baje corriendo las escaleras.
-Lo siento, se me ha caído una vajilla vieja. -dijo Teresa, una cocinera.
-No pasa nada Teresa, pero límpielo, por favor.
-Si, señorita.
Mi madre bajó las escaleras y yo las subí.
-¿Adónde vas?
-A mi habitación.
-Vale.

Al día siguiente salí de Palacio para haber si veía a Jors. De repente le encontré y se acercó, me dijo:
-Princesita.
-Mi príncipe azul...
-¿Qué?
-No, nada.
-Esta noche no he podido dormir.
-¿Por qué?
-No he podido dejar de pensar en tí.
-¿En mí?
-Sí.
-Si te confieso una cosa, yo tampoco.
Hubo unos minutos de silencio. Nos sentamos en un banco de madera.
-¿Estás comprometida?
-No, pero estoy enamorada de una persona a la que conocí hace poco.
-Que casualidad, yo también me enamoré de una persona hace poco. Ayer, para ser exactos.
- Qué curioso, yo también.
-Princesa, yo…
-¿Sí?
-Yo ya me había fijado en esa persona.
-Yo también.
-Princesa, yo... te quiero.
-Y... yo a ti.
Me fui corriendo aunque no sé por qué hice eso, si acababa de confesarle a un chico lo que sentía por él, y él sentía lo mismo por mí."

viernes, 23 de marzo de 2012


A la mañana siguiente, lo preparamos todo para que Alfonso estuviera a gusto durante su viaje. Le preparé comida, agua, unas mantas para que no pasara frío por la noche, y ya estaría listo para partir.
-Cariño, no consideras esto... ¿Excesivo? No es por nada, pero en los albergues me darán comida, y una cama donde dormir.- Me dijo, cuando vio todo lo que había preparado para él.
-Nada es demasiado para tí.-Le contesté, compasiva.- Ahora mismo preparo el carruaje.
-¿Sabes? Prefiero ir como un peregrino cualquiera, no me gustaría llamar la atención. 
-Sí, mejor así.
Dicho y hecho, le acompañé hasta las afueras del pueblo, y allí me despedí.
-¡Hasta la vista!-Me gritó, en la distancia.
-¡Adiós!-Le contesté.
Ya iba a dar media vuelta y volver a Palacio, cuando recordé algo muy importante.
-¡Espera!-Le grité, mientras me acercaba corriendo.
-¿Qué quieres?
-Sólo quería decirte que me mandes cartas a menudo, ¿vale? Quiero saber cómo estás.
-No te preocupes, te mandaré una carta cada día.
-Vale, ahora sí que sí. ¡Adiós!
-¡Adiós!
Me quedé mirando cómo se alejaba, hasta que le perdía de vista. Entonces, di media vuelta y me fui a Palacio.
Cuando llegué, estaba muy cansada; me tomé un té y me fui a dormir un poco, lo necesitaba.
Poco a poco, fui abriendo los ojos, y me desperecé. Me senté sobre la cama; ¡Se había hecho de noche! Seguramente Alfonso ya me había escrito la primera carta, y yo estaba allí durmiendo.
Me dirijí rápidamente a mi mensajero. Cuando llegué, le pregunté por la carta.
-Sí, ha llegado una carta.
-¿De quién?
-De Alfonso VI.
-¿Me la puedes dar? Me gustaría leerla.
-¡Por supuesto! Aquí la tiene.
Me fui de nuevo a mi alcoba, quería leer la carta en privado. Encendí una vela, abrí el sobre y empecé a leer.

"Querida Constanza,

Aún no he llegado a la Iglesia de El Salvador, creo que aún tengo para unos días caminando. Tan sólo te escribía esta carta para que supieras que estaba bien, aunque muy cansado, y también quería preguntarte qué tal estás. ¿Todo bien? Bueno, espero que sí.
Espera tu respuesta,

Alfonso VI, rey de León y de Castilla."

Me alivió saber que estaba bien, pero aún así seguía enfadada por lo que me contó Susana.
Al día siguiente escribiría la respuesta, ahora era muy tarde.
Guardé la carta, apagué la vela y me fui a dormir.

Era una tranquila tarde de invierno. Como de costumbre, fui a la casa de una de las ciudadanas de mi pueblo, llamada Susana. Fui con una túnica que impedía a la gente saber mi identidad, llamé a la puerta de la casa de Susana y entré.
Iba a su casa básicamente para que me contara las cosas que mi marido, el rey Alfonso VI, no me contaba.
-¡Pase, pase! Si le apetece, puedo preparar un té. ¿Le apetece?- Me preguntó.
-No, gracias, estoy bien.
Aquel día pude notar que ella estaba bastante nerviosa, cosa que no le había pasado jamás (al menos en mi compañía).
-¿Estás bien?- Le pregunté.
-¡Oh, sí, si, sí! No te preocupes.
-No sé, estás un poco pálida.
-Discúlpeme, pero usted a qué ha venido aquí, ¿a preguntarme cómo estoy, o a que yo le cuente lo que no le dice su marido?- No sabía por qué, pero ahora estaba un poco desagradable.
-Lo siento. Por favor, empieza.- La animé a empezar a contarme todos esos cotilleos que yo aún no sabía. Era curioso el cómo ella se enteraba siempre tan rápido de las cosas; la verdad, ella era un poco maruja.
-Pues, vamos a ver...-empezó-¡Ah, sí! Por favor siéntese, porque creo que esto que esto que la voy a contar va a sorprenderla.
-¿Qué es?
-Bueno, pues, verá... Corre el rumor de que su marido ya no le es fiel.
-¡¿QUÉ?!
-Pues sí, me ha contado que está teniendo relaciones con otra mujer.
No me lo podía creer, ¡mi marido, al que siempre había querido y confiado, no me era fiel!
-Bueno, creo que ya me has contado suficiente, me voy.-Le dije.
-Vale, cuídese.
Me fuí corriendo de aquella casa, mi marido se iba a enterar. Puede que me estuviera volviendo loca, pero quería una venganza, y ya. Estaba yendo camino de palacio, cada vez más rápido, estaba muy agobiada, o enfadada, o las dos cosas. No paraba de pensar en lo que me había dicho Susana.
Empezó a faltarme el aire y... ya, no recuerdo más. Sólo recuerdo que lo ví todo negro, y acto seguido escuché la voz de mi marido.
-¡Constanza! ¡Constanza, despierta!- Abrí los ojos lentamente. Lo veía todo borroso. 
-¿Dónde estoy?-Pregunté; estaba desorientada.
-Estás en Palacio, en nuestro dormitorio.
Dejé de verlo todo borroso, hasta que pude saber que quien me hablaba era Alfonso, mi marido. Me levanté rápidamente de la cama.
-¡Tu! ¡Maldito traidor!-Le grité.
-¡¿Pero ahora qué te pasa?!-Me contestó.
Ya no podía tomarme en serio lo que me decía, sólo escuchaba la voz de Susana en mi cabeza, diciendo que él ya no me era fiel. Una lágrima resbaló por mi mejilla.
-¡Te vas a enterar, Alfonso! ¡Juro que me las pagarás!- Y acto segudo rompí en llanto, y me fuí corriendo fuera del palacio; nacesitaba tomar el aire.
No volví a hablarle en lo que quedó de día, y cuando me fui a dormir, medité sobre lo ocurrido.
Pensé que, quizá una venganza no fuera la mejor solución; mejor le convencería de que hiciera el camino de Santiago -una ruta que lleva hasta Santiago de Compostela, donde se encuentran todas las reliquias de Santiago el Mayor-. para poder librarse así de todos sus pecados.
A la mañana siguiente se lo comenté:
-Buenos días.-Le dije.
-Buenos días. ¿Querías algo?
-Bueno, sólo quería preguntarte si tenías ganas de recorrer el Camino de Santiago.
-¿Y eso a qué se debe?
-Dicen que en la Iglesia de El Salvador está el Beato de Liébana, el libro que narra lo que pasará cuando llegue el Apocalipsis, y me gustaría que lo llevaras a un lugar más seguro. Además, ese lugar es muy famoso porque contiene El Arca Santa, donde están las reliquias de Jesús y de María.

-Sí, es buena idea. Supongo que quieres que lo haga para protegerlo de los musulmanes, ¿no?
-Exacto.
-¿Y qué sitio tenías pensado?
-Había pensado que sería buena idea llevarlo a la catedral de Santiago de Compostela.
-¡Sí, buena idea! El traslado se llevará a cabo mañana.
-Me parece bien.



Beato de Liébana

jueves, 22 de marzo de 2012

Tenéis que volver a reescribirlo. No estáis en Madrid. Tenéis que estar en Oviedo. Mañana os lo explicaré en clase. Bss.