A la mañana siguiente, lo preparamos todo para que Alfonso estuviera a gusto durante su viaje. Le preparé comida, agua, unas mantas para que no pasara frío por la noche, y ya estaría listo para partir.
-Cariño, no consideras esto... ¿Excesivo? No es por nada, pero en los albergues me darán comida, y una cama donde dormir.- Me dijo, cuando vio todo lo que había preparado para él.
-Nada es demasiado para tí.-Le contesté, compasiva.- Ahora mismo preparo el carruaje.
-¿Sabes? Prefiero ir como un peregrino cualquiera, no me gustaría llamar la atención.
-Sí, mejor así.
Dicho y hecho, le acompañé hasta las afueras del pueblo, y allí me despedí.
-¡Hasta la vista!-Me gritó, en la distancia.
-¡Adiós!-Le contesté.
Ya iba a dar media vuelta y volver a Palacio, cuando recordé algo muy importante.
-¡Espera!-Le grité, mientras me acercaba corriendo.
-¿Qué quieres?
-Sólo quería decirte que me mandes cartas a menudo, ¿vale? Quiero saber cómo estás.
-No te preocupes, te mandaré una carta cada día.
-Vale, ahora sí que sí. ¡Adiós!
-¡Adiós!
Me quedé mirando cómo se alejaba, hasta que le perdía de vista. Entonces, di media vuelta y me fui a Palacio.
Cuando llegué, estaba muy cansada; me tomé un té y me fui a dormir un poco, lo necesitaba.
Poco a poco, fui abriendo los ojos, y me desperecé. Me senté sobre la cama; ¡Se había hecho de noche! Seguramente Alfonso ya me había escrito la primera carta, y yo estaba allí durmiendo.
Me dirijí rápidamente a mi mensajero. Cuando llegué, le pregunté por la carta.
-Sí, ha llegado una carta.
-¿De quién?
-De Alfonso VI.
-¿Me la puedes dar? Me gustaría leerla.
-¡Por supuesto! Aquí la tiene.
Me fui de nuevo a mi alcoba, quería leer la carta en privado. Encendí una vela, abrí el sobre y empecé a leer.
"Querida Constanza,
Aún no he llegado a la Iglesia de El Salvador, creo que aún tengo para unos días caminando. Tan sólo te escribía esta carta para que supieras que estaba bien, aunque muy cansado, y también quería preguntarte qué tal estás. ¿Todo bien? Bueno, espero que sí.
Espera tu respuesta,
Alfonso VI, rey de León y de Castilla."
Me alivió saber que estaba bien, pero aún así seguía enfadada por lo que me contó Susana.
Al día siguiente escribiría la respuesta, ahora era muy tarde.
Guardé la carta, apagué la vela y me fui a dormir.
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