Al día siguente, mi hija me contó esto:
"Soy la hija del rey Alfonso VI. Mi mejor amiga Susana le contó a mi madre todo lo que me contó a mí sobre mi padre.
"Soy la hija del rey Alfonso VI. Mi mejor amiga Susana le contó a mi madre todo lo que me contó a mí sobre mi padre.
¿Que por qué no se lo conté yo? Porque no me atrevía y tampoco me lo creía mucho, pero lo que tampoco me creí fue lo que vi ayer, a mi propio padre saliendo de Palacio tapado con una capa. Yo fui corriendo y le seguí, me escondí y lo último que vi fue a mi padre entrando en una casa abandonada besándose con una mujer a la que no conseguí ver la cara. Entonces me foi corriendo para que no me descubrieran.
Esa misma noche mi padre no fue a casa, mi madre y yo nos quedamos en la sala de estar, mirándonos, sin decir una palabra, hasta que dije:
-¡Madre! ¿Estás bien por lo todo lo que te ha contado Susana?
-Pues… ¡NO! Cómo quieres que esté si me he enterado que mi marido, con el que he tenido una hija me… ¡Es infiel!
-Madre, si yo te contara…
-¡Ay! Perdón hija, ¿tú como estas?
-No, madre no es eso.
-Entonces, ¿qué es, cariño?
-Que esta tarde le he visto fuera de Palacio…
-¿Esta tarde? Pero si se ha ido a las 20:00
-A esa hora se ha ido Julián, el mayordomo.
-¡Ah! ¿Si?
-Si madre, bueno lo que te estaba contando… Se ha ido a las 18:00, entonces yo le seguí porque iba tapado con una capa, y fuimos a parar a una casa abandonada donde entró y… ví por la ventana cómo… se besaba con una mujer. Entonces me fui.
-¡Dios mío! ¿Cómo era esa mujer?
-Lo siento madre… no le vi la cara.
Hubo unos minutos de silencio, mi madre se levantó y salió por la puerta dando un gran portazo.
A la mañana siguiente mi padre llegó pronto y cuando iba por el pasillo le pregunté, mirándole a los ojos:
-Padre, ¿dónde ha estado?
Mi padre agachó la cabeza y, mirando al suelo me respondió:
-Hija… ¿qué haces a estas horas levantada?
-Padre, tú sabes que no me gusta que me respondas con una pregunta.
Mi padre se metió en una habitación dejándome allí, sola, en medio del pasillo.
Esa misma mañana me vestí y bajé a desayunar, recuerdo que ví a mis padres muy fríos, cada uno en una punta de la mesa, para abrir un poco de conversación dije:
-¡Buenos días!
Nadie me contestó.
Mi padre quería la leche que estaba al lado de mi madre, y dijo:
-Cariño, ¿me pasas la leche?
Mi madre le respondió:
-Hija, creo que deberías salir de la habitación; necesito hablar a solas con tu padre.
Mi madre deñaló la puerta, y yo me fui de allí. Cerré la puerta, y pensé que ya era mayorcita para que mis padres me echaran fuera de la habitacón. De modo que puse mi oreja al lado de la puerta, para escuchar el máximo de conversacón posible. Apenas conseguí entender unas palabras:
-... Preguntarte... Recorrer... Santiago...
-¿Y eso...?
-Iglesia... Beato... Liébana... Apocalipsis... Seguro... Arca Santa... Jesús...
-Sí... Protegerlo... Musulmanes...
-Exacto.
-¿Sitio... Pensado...?
-Buena idea... Iglesa... de Compostela...
-Traslado... Mañana...
-... Preguntarte... Recorrer... Santiago...
-¿Y eso...?
-Iglesia... Beato... Liébana... Apocalipsis... Seguro... Arca Santa... Jesús...
-Sí... Protegerlo... Musulmanes...
-Exacto.
-¿Sitio... Pensado...?
-Buena idea... Iglesa... de Compostela...
-Traslado... Mañana...
Después, me fui de allí, por si mis padres salían y me pillaban, y me fui a mi alcoba. Estaba allí tan tranquilamente, cuando escuché un llanto. Me dirijí en busca de aquella voz, que me llevó hasta el dormitorio de mis padres. Llamé a la puerta.
-¿Puedo pasar?- Pregunté.
-Sí, puede pasar.- me dijo alguien, hablando en voz baja.
Vi a mi madre en una esquina de la habitación, llorando desconsoladamente-
-¡¡Madre!! ¿Qué le pasa?
- Hija…tu padre.
-Madre, respire y deje de llorar, que ya nos vengaremos.
-No quiero vengarme... En su lugar, he conseguido convencerle de que haga el Camino de Santiago, para librarse de todos sus pecados, pero...
-Pero, ¿qué?
-Pero... sigo enfadada por lo que me ha hecho.
-No quiero vengarme... En su lugar, he conseguido convencerle de que haga el Camino de Santiago, para librarse de todos sus pecados, pero...
-Pero, ¿qué?
-Pero... sigo enfadada por lo que me ha hecho.
Por la tarde salí de Palacio a dar un paseo y tomar un poco el aire. De repente ví a un muchacho muy hermoso del que yo me enamoré hacía ya unos cuantos meses. Éste me vio y acudió a saludarme. En ese momento yo creí que se me salía el corazón del pecho.
Cuando nos despedimos, se fue mirando para atrás, a mí me latía el corazón como nunca. Me había enamorado aun más de él. Ya sabía como se llamaba, pero a mi padre no le gustaría nada.
Iba camino de mi habitación y me encontré con mi madre, ella me vio y me dijo:
-Hija, ¿qué te ha pasado? Tienes la cara feliz, iluminada, como… si estuvieras…¡¡¡ENAMORADA!!!
-Madre, baje la voz.
-Cuéntame ¡TODO!
-No puedo madre, es muy largo y estoy cansada, después de cenar si quiere se lo cuento, y ahora me voy a descansar.
-Vale hija, descansa y después me cuentas todo con pelos y señales.
Entré en mi cuarto y miré por la ventana, al rato me tumbé en mi cama y empecé a pensar en él, en sus ojos verdes, en su cabello moreno, en él. Me quedé dormida.
¡PUM!
-¿Qué ha sido ese ruido?- grité, me levanté de un salto y baje corriendo las escaleras.
-Lo siento, se me ha caído una vajilla vieja. -dijo Teresa, una cocinera.
-No pasa nada Teresa, pero límpielo, por favor.
-Si, señorita.
Mi madre bajó las escaleras y yo las subí.
-¿Adónde vas?
-A mi habitación.
-Vale.
Al día siguiente salí de Palacio para haber si veía a Jors. De repente le encontré y se acercó, me dijo:
-Princesita.
-Mi príncipe azul...
-¿Qué?
-No, nada.
-Esta noche no he podido dormir.
-¿Por qué?
-No he podido dejar de pensar en tí.
-¿En mí?
-Sí.
-Si te confieso una cosa, yo tampoco.
Hubo unos minutos de silencio. Nos sentamos en un banco de madera.
-¿Estás comprometida?
-No, pero estoy enamorada de una persona a la que conocí hace poco.
-Que casualidad, yo también me enamoré de una persona hace poco. Ayer, para ser exactos.
- Qué curioso, yo también.
-Princesa, yo…
-¿Sí?
-Yo ya me había fijado en esa persona.
-Yo ya me había fijado en esa persona.
-Yo también.
-Princesa, yo... te quiero.
-Y... yo a ti.
Me fui corriendo aunque no sé por qué hice eso, si acababa de confesarle a un chico lo que sentía por él, y él sentía lo mismo por mí."
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