jueves, 17 de mayo de 2012

Una vez alojados en el hotel, intentamos averiguar donde estaba el beato; al parecer, el chico no le había pedido trabajo, sólo una habitación. A la hora de cenar, bajamos a ver si había algo nuevo. Y ahí estaba el chico, pidiéndole trabajo al mercader del zoco.
-Querido Alfonso, estamos demasiado cansados. Mañana por la mañana seguimos a Elías a ver dónde trabaja.-Le dije a Alfonso.
-De acuerdo, pero a primera hora bajamos.
Cuando nos fuimos a dormir, escuché un ruido, de modo que decidí salir de la habitación. Aquel muchacho, Elías, estaba con el Beato en la mano. Lo vi todo, donde lo escondió, y cómo volvía a su habitación. Era la número 15, justo al lado de la nuestra. Vi que escondía el Beato en un cuarto muy raro, no había nadie en él, y encima estaba deteriorado.
Y a las seis de la mañana…
-Alfonso, despierta.-Le dije.
-¿Tan pronto? ¿Qué quieres?

-Se donde esta el beato. Elías lo escondió ayer por la noche. Lo sé porque ayer por la noche escuché un ruido, y me levanté para ver qué era.
-¿Dónde?
-Aquí a lado, en la habitación deteriorada y con la puerta que cierra mal.
Nos dirijimos hacia allí, pero el beato no estaba. Me parecía todo muy raro, a lo mejor lo vi mal, a medianoche puede pasar cualquier cosa.
Como eran las 6 le dije a Alfonso de dormir hasta las 8 o un poco más tarde, total, aún no sabíamos donde estaba el beato, ni tampoco el chico.

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