A los pocos días Alfonso volvió a Palacio.
-¿Qué tal te ha ido?-Le pregunté cuando llegó.
-Muy bien, aunque el viaje ha sido más agotador de lo que pensaba.
-Creo que deberíamos investigar dónde podría estar el Beato, es un libro muy valioso y no puede tenerlo cualquiera.
-Sí, deberíamos empezar mañana. Ahora estoy muy cansado, me voy a dormir.
Al día siguiente, después de desayunar, empezamos a investigar sobre este asunto.
Mandamos a todas (o a casi todas) las personas de la corte al sur, donde estaba el reinado musulmán, Al-Andalus. Mientras ellos iban, Alfonso y yo intentamos deducir dónde podría estar el Beato.
-Puede que esté en Mayrit.-Me dijo Alfonso.
-¿Por qué crees eso?
-Aquel muchacho no puede haber ido demasiado lejos, es demasiado joven como para recorrer una distancia tan grande. Se tendría que haber ido a un lugar más cercano, como Mayrit. Por cierto, cuando le robaron el Beato a aqul comeciante francés, me pareció entender que se llamaba Elías.
-Sí, tienes razón. Mandaré a unas pocas personas de la corte para que vayan a Mayrit a buscarle.
Dicho y hecho. Mandé a las pocas personas que quedaban de la corte, y las mandé a Mayrit.
-Por favor, si necontráis algo que os llame la atención, o que creáis importante, comunicádmelo en una carta.-Les pedí.
Todos ellos asintieron, y partieron hacia Mayrit.
Estuve esperando cartas, pero como no llegó ninguna, y ya de me estaba agotando la paciencia, decidí ir yo misma a Mayrit para buscar el Beato.
-Alfonso, me voy hacia Mayrit para buscar el Beato. ¿Quieres venir conmigo?-Le dije. Mi voz sonó más fría de lo que pretendía, pero supongo que eso se debía a mi falta de paciencia por encontrar el Beato.
-¿Por qué quieres ir?
-Porque aún no he recibido ningna carta de nadie de la corte, y se me está empezando a agotar la paciencia.
-Pero espera un poco más, que ya verás como llegan las cartas.
-¡Ya estoy cansada de esperar! Llevo toda mi vida esperando que pase algo, ¡pero nunca pasa nada!-Estaba empezando a desahogarme con él.
-Sólo te pido que esperes un día más, porque si no, llegará una carta, y tú no estarás aquí para recibirla.-Me dijo, intentando tranquilizarme.
-Bueno, vale, ¡pero sólo un día! ¡Ni uno más!
-Trato hecho.
Y pasó un día, y no llegó ninguna carta.
-Bueno, pues me voy.-Le dije.
-De acuerdo. Voy contigo.
Partimos en carruaje hacia Mayrit.
Tardamos unos tres o cuatro días en llegar. Cuando llegamos, nos dirigimos hacia el zoco, el lugar en el que se celebra un mercado, porque seguramente aquel muchacho intentaría venderlo.
Estábamos paseando tranquilamente por el zoco, cuando vimos algo extraño:
-¡Eh, mira! Ese chico... ¡Es idéntico al que robó el beato!-Exclamó Alfonso.
-Voy a probar a llamarle. ¿Cómo decías que se llamaba?
-Creo que se llamaba Elías.
-Muy bien. ¡¡ELÍAS!!-Le llamé, gritando lo más alto que pude.
Entonces, el muchacho se dio la vuelta, y al ver a Alfonso, se echó a correr.
-¡Creo que te vio el dia que le robó el Beato al comerciante!-Le dije a Alfonso.
-Si, debe de ser eso. ¡Sigámosle!-Exclamó.
Fuimos lo más rápido que pudimos y, al final, después de tanto correr, se paró. Debió perdernos de vista, aunque estábamos a unos diez metros de él. Entonces, se acercó a quien parecía ser el jefe.
-من فضلك أعطني وظيفة.-Dijo Elías.
-حسنا، في هذه اللحظة بالذات ونحن الموظفين. يمكنك البقاء في الفندق الواقعة.-Le contestó el jefe.
Entonces, Elías asintió, y se dirigió a una fundaq (un hotel) y se puso a trabajar.
-Elías debe de haberle pedido trabajo a aquel hombre.-Deduje.
-Podríamos alojarnos aquí, para vigilarle.-Me dijo Alfonso.
-Buena idea.
Entonces, entramos, y nos alojamos en una habitación de la fundaq.
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