jueves, 5 de abril de 2012

El resto del día se me pasó muy rápido, sobre todo porque me tuve que ir a dormir una siesta por la tarde, igual que el otro día, y me quedé dormida hasta que se hizo de noche, igual que el otro día.
Me desperté unos minutos antes de que me dijeran que la cena ya estaba lista, de modo que tuve tiempo de arreglarme un poco antes de bajar al comedor para cenar.
Aquella noche, por accidente, prepararon comida de más, haciendo una ración de más para mi marido.
-Lo siento, pero creo que aquí hay un error.
-¿Perdone?
-Aquí, hay una ración de más.
-¡Ah, lo siento mucho! Se me olvidó que faltaba Alfonso.
-No pasa nasa, solo que es una pena desperdiciar toda esta comida.
-Lo lamento mucho... No volverá a pasar.
-De acuerdo, ahora lléveselo, por favor.
-Ahora mismo.
Después de cenar, al igual que el otro día, me fui a mi dormitorio, encendí una vela, abrí el sobre, y leí la carta, que decía así:

"Querida Constanza,

Esta mañana llegué a la Iglesia de El Salvador, y entré en la Cámara Santa, donde se encuanetran todas las reliquias. Allí encontré el Arca Santa, tal y como dijiste, y también encontré el Beato de Liébana. Como me pediste, lo cogí y me fui para trasladarlo a la catedral de Santiago de Compostela.
Ya estoy yendo para allá, aunque creo que me queda la mitad del camino hasta llegar a la catedral.

Atentamente, Alfonso VI."

Me parecía extraño que hubiera llegado tan rápido, pero como siempre le sobraba energía, tampoco sospeché nada.
Como la última vez, pensaría la respuesta al día siguiente, y le mandaría la carta.

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