Esperé pacientemente la contestación de mi marido, que me prometió seguirle y contarme lo que pasaba en todo momento.
En las cartas que me mandaba decía que todo iba bien, que no le perdía de vista en ningún momento. Eso me alegraba.
Además, lo de la última vez no se volvió a repetir, ahora me mandaba cartas siempre que podía.
En una de sus cartas me dijo que ya había llegado a Santiago de Compostela, y había visto la tumba donde estaba enterrado el apóstol Santiago.
Me dijo que había estado vigilando a aquel comerciante. Siguió el mismo camino que él, y esto le llevó hasta Ribagorza, un pueblo cercano a Oviedo. Entonces, me escribió esta carta.
"Querida Constanza,
Estaba cerca de Ribagorza, cuando escuché algo extrano, de modo que me escondí detrás de una roca. Entonces, vi a un grupo de tres musulmanes acercarse muy rápido al comerciante, y le tiraron al suelo. Parecía una razzia (ataque sorpresa). Uno de ellos dijo algo que no pude entender, algo así como "جمع كل ما يمكن!", los demás asintierom, y le quitaron todo lo que llavaba, incluído el Beato. Después, uno de ellos pareció pedirles a los demás si podía quedarse con el Beato, a lo que los demás asintieron, satisfechos. Daspués, salieron corriendo por donde habían venido.
Atentamente,
Alfonso VI"
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